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CHILE: La verdad sobre la explotación sexual infantil

La “Operación Heidi” trajo de nuevo a la actualidad la realidad de la explotación sexual infantil. A juicio de Denisse Araya, directora de la ONG Raíces, no existe una opción de las y los niños “por prostituirse”, y las causas del fenómeno no se radican únicamente en la pobreza o en la necesidad material, sino también en el desamor que han vivido los chicos de los sectores más marginalizados de la sociedad.

Araya evaluó positivamente el trabajo de indagación realizado por la Policía de Investigaciones, y recalcó el hecho de que las niñas que participaban de la red son víctimas que han sido manipuladas afectivamente, hasta el punto de no percibirse como tales.

En su opinión, lo importante es “centrarse en los depredadores, en los tipos que están persiguiendo a las niñas más que sancionar a las chicas, ellas son víctimas. Entonces estamos muy conformes con lo que se está haciendo. Ahora, nosotros no hablamos de prostitución infantil, porque en realidad el niño no se prostituye, es prostituido por un adulto. Aquí no hay una opción, las chicas y los chicos que caen en la explotación sexual comercial no lo hacen solamente por pobreza, sino que también hay toda una deprivación muy alta y un desamor tremendo, entonces estas personas saben manejar y manipular muy bien el componente afectivo”, señaló.

En este sentido, apuntó a la vigencia de argumentos de legitimación en la sociedad, que buscan explicarse la participación de las niñas en su propia voluntad. “Lo que nos preocupa con las víctimas es que exista una naturalización y una aceptación. Hoy día estamos todos preocupados, pero resulta que cuando ya empezamos a ver que tenían 17, que no era tan chicas… como que en el fondo ‘sí sabían lo que hacían’. Ahí es donde está el error”, manifestó.

La activista por los derechos de la infancia destacó que en Chile el comercio sexual como tal no está prohibido, y que la red desarticulada funcionaba ilegalmente al “estilo antiguo”. “Este es un prostíbulo común y corriente pero de alto nivel. Se cobra caro y se entregan servicios al más puro estilo antiguo. En ese sentido saben hacer muy bien su trabajo, por eso les tuvieron que hacer un seguimiento muy alto durante casi cinco meses para poder encontrar todas las pruebas. La explotación sexual tiene varias manifestaciones: la pornografía es una que puede ser a través de Internet, está también el turismo sexual, está la trata de niños adolescentes con fines de explotación sexual, y está el comercio en lugares cerrado en lugares como prostíbulos y ‘café con piernas’ y fumaderos en poblaciones donde se consume pasta base”, explicó.

Finalmente Araya apuntó a la falta de exigibilidad y justiciabilidad de los Derechos del Niño dentro de la legislación chilena. “Este país no tiene una ley de protección integral. Le exigimos al SENAME cosas a que tampoco puede llegar. Necesitamos una ley de protección integral para todos los niños chilenos e incluso para los niños no chilenos que viven en el país: un defensor de la Niñez que realmente sea autónomo y que pueda visualizar un problema tan multicausal y complejo como es que un niño llegue a vivir la explotación sexual comercial”, argumentó.

http://www.radiotierra.com/node/5118

ENTREVISTA CON DENISSE ARAYA

ESPAÑA: Las mentiras de los niños tienen padre y madre

Es la familia la primera que enseña inconscientemente a los hijos a faltar a la verdad

Cuando vio la nota de condolencia de la maestra, no se lo podía creer: «Pero, hija, ¿por qué le has dicho a la profesora que se ha muerto la abuela?». Era la excusa inventada que en ese momento se le ocurrió a la niña para evitar una reprimenda en el colegio. A Antonio Escaja Miguel, coautor junto a Bernabé Tierno de «Saber educar hoy», no le extraña el caso. En su larga trayectoria como psicólogo escolar y orientador ha conocido una amplia variedad de mentiras infantiles. «El hombre tiende a defenderse a sí mismo por encima de la defensa de la verdad», señala el exdirector de la escuela de padres del colegio Fundación Caldeiro de Madrid.

Mentir es innato, pero también se enseña aunque sea de forma indirecta, según explica Escaja. Cuando un padre le dice a su hijo antes de coger el teléfono «si es Fulanito dile que no estoy», si oye cómo se le dice a un vendedor a domicilio que no se le puede atender porque estaba a punto de salir o el niño escucha a su madre un «qué pesados» minutos después de cerrar la puerta a la visita a la que ha tratado muy amablemente, el menor capta la utilidad que puede tener la mentira por mucho que se le insista en que no hay que mentir.

Un estudio elaborado por expertos del Museo de la Ciencia de Londres determinó que los hombres mienten tres veces al día de media (1.092 al año) y las mujeres lo hacen dos veces diarias (728 anuales). La mayoría de las veces son «mentiras piadosas», para no herir los sentimientos de una persona, pero hipocresías al fin y al cabo que el niño no siempre distingue del resto.

«Los niños no hacen caso a lo que decimos, imitan lo que ven», asegura el psicólogo. Si los progenitores hablan de «los ladrones» de tal banco o tal empresa, mientras comentan cómo engatusan a sus clientes, el niño lo percibe y si su padre hace trampas con la declaración de la renta, ¿por qué no lo puede hacer él con un examen? «Educamos por lo que somos», subraya Escaja.

Incluso se les enseña directamente a mentir por compromiso al decirles cómo deben actuar ante un regalo que no les gusta, por ejemplo. «La mayoría de padres no trata todas las mentiras por igual. No quieren que sus hijos digan siempre la verdad sobre cualquier tema: no se alaba a un acusica ni tampoco la verdad sin tacto», admite el psicólogo estadounidense Paul Ekmanen su libro «Cómo detectar mentiras en los niños».
Las mentiras de los niños tienen padre y madre
Pinocho

Las mentirijillas, los trucos, los engaños son tan viejos como la propia historia de la humanidad… y también las mentiras infantiles. Sin embargo, Escaja detecta un incremento de éstas en la sociedad actual, tan basada en la imagen. «En los niños siempre se ha dado, pero hoy es más frecuente porque la sociedad miente más», asegura antes de constatar que hoy los menores «pierden antes la inocencia».
¿Todos mienten?

Un estudio realizado en Canadá en 2010 concluía que a los dos años el 20% de los niños miente. La proporción se eleva al 50% al año siguiente y casi al 90% cuando cumplen los cuatro. Claro que a esa edad no se pretende engañar. Es hacia los 7 años cuando los niños se dan cuenta de su dimensión moral. La edad más mentirosa, según esta investigación, serían los 12 años.

Kang Lee, director del Instituto de Estudios sobre el Niño en la Universidad de Toronto, cree que «los padres no deben alarmarse si su hijo dice una mentira. Sus hijos no van a llegar a ser mentirosos patológicos. Casi todos los niños mienten», según señaló al presentar el estudio entonces.

Tanto Lee, como Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad McGill de Montreal y una experta en la conducta infantil mentirosa, sostienen que los niños que mienten son más inteligentes, puesto que deben reconocer la verdad, concebir una alternativa y exponerla de forma convincente. Desde este punto de vista, la mentira es un hito del desarrollo.

Antonio Escaja prefiere definirlos como «más creativos». En muchos casos, sobre todo entre los niños más pequeños, detrás de una mentira hay un exceso de imaginación, que puede canalizarse dejándoles que se expresen con la pintura o la escritura. Sin embargo, la fabulación que rodea a los «amigos imaginarios», habitual en los pequeños de 4 y 5 años, se vuelve interesada a partir de los siete. «Son niños a los que les gusta imaginar, pero la invención de cosas puede convertirse una cortina de humo para tapar un problema», advierte el psicólogo.
¿Cuándo hay que preocuparse?

Existen distintos tipos de mentiras que conviene distinguir para no dar la misma importancia a unas que a otras. Las hay motivadas por un exceso imaginativo; otras, la mayoría, están fundadas en mecanismos de defensa para evitar un posible castigo, se miente para lograr algo que de otra manera no se conseguiría, para ganarse la admiración de alguien, para no defraudar a padres o profesores, para llamar la atención, para evitar la vergüenza, para no hacer daño a otro, para mantener a salvo la intimidad… En todo caso, si el niño miente con exagerada frecuencia y se emperra en sostener algo falso o cuando emplea la mentira para hacer daño a otro, hay que actuar y tomarse muy en serio el asunto.

«Hay que enseñarles a ser auténticos, hacerles ver que ellos son lo que son, no lo quieran aparentar ante los demás», subraya Escaja, «haciéndoles comprender que les queremos tal y como son» para que se acepten a sí mismos. Ser incongruente, añade el psicólogo, entraña sus riesgos: «El ser humano acaba por destruir su salud mental por querer mantener en su mente ideas contradictorias». Crear un ambiente familiar en el que el menor se sienta libre hará que no vea la necesidad de mentir.

Y ante una mentira descubierta, el experto insta a los padres y profesores a que «sean razonables» al corregir al niño «para no obligarle a mentir más para evitar el castigo». Habrá que hacerle reparar el daño, pero sin emplear la palabra «castigo», por la connotación que ésta lleva de humillación. «Y en cuanto ha surtido efecto, hay que quitarlo», aconseja Escaja, que no ve inconveniente en suprimir un castigo si el niño está arrepentido. «Los premios y los castigos hay que usarlos con gran prudencia», remarca.

«Enfréntese a ello: su hijo le mentirá hasta que uno de los muera. No hay manera de evitarlo. Le habrá mentido en el pasado y le mentirá en el futuro (...) Pero si crea más situaciones en las que su hijo se sienta menos obligado a mentir y pueda decir la verdad, entonces existirá una gran diferencia en la cantidad de mentiras que cuente su hijo», asegura Tom Ekman, el hijo del psicólogo estadounidense considerado una de las autoridades mundiales sobre la detección de mentiras, al que él ha mentido en ocasiones sin que Paul lo haya detectado siempre.
Cómo cazar una mentira

Los mentirosos, en contra de lo que se cree, no acostumbran a rehuir la mirada, a ponerse colorados o a mostrarse nerviosos. Pamela Meyer, autora del best seller «Detección de mentiras», enseña algunos métodos y señales para detectar el engaño, una habilidad muy útil puesto que un día cualquiera, una persona recibe entre 10 y 200 informaciones falsas. Según Meyer, las personas que engañan pueden inmovilizar la parte superior de su cuerpo, e inconscientemente apuntar con sus pies hacia la puerta o inclinarse hacia la salida. Suelen mostrar alivio o cambiar de postura cuando finalizan las preguntas más difíciles e incluso mostrar cierto «orgullo» o «placer» al creer haberlo hecho bien. También su lenguaje puede ofrecer pistas, si habla con distanciamiento del objeto del engaño.

Un estudio de la University of British Columbia, en Canada, señala que a un mentiroso le traiciona su propio rostro, ya que tiende a levantar las cejas en expresión de sorpresa y a sonreír ligeramente.

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20121120/abci-mentiras-tienen-padre-madre-201211151214.html

UNICEF: Denuncia que 19.000 niños mueren al día por causas evitables

La desnutrición es una de las principales causas de mortalidad infantil Más de 6.400 fallecen por este motivo

El hambre y la tradición ahogan el Sahel: “Si la niña se muere, pues se muere”
La crisis se ceba con la infancia

Un día como hoy, hace 23 años, la asamblea de la Naciones Unidas decidió aprobar la Convención sobre los derechos del Niño. La organización internacional recomendó a los países que la integran que dedicasen un día a los más pequeños. En este aniversario Unicef España ha querido poner el foco en la desnutrición infantil. Un problema que afecta, según datos de la agencia, a 200 millones de niños en el mundo.

Consuelo Crespo, presidenta de Unicef España, ha incidido que 19.000 niños mueren cada día por causas evitables, un tercio de ellos (6.400) por hambre. Se han logrado, sin embargo, notables avances en la erradicación de la desnutrición infantil, fijada hace 22 años en los Objetivos del Milenio (ODM) por la llegada de alimentos a los países más pobres, donde se ha reducido en un 41% la mortalidad infantil gracias a la cooperación internacional. Pero aún quedan retos importantes, según Crespo. “Todavía miles de niños fallecen porque no les llegan vacunas o falta de higiene”.

Las principales causas de mortandad en los más pequeños, además de la falta de alimentos, son los relacionados con la salud y la falta de limpieza. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de fallecimientos de niños menores de cinco años se deben a infecciones respiratorias, paludismo, malaria y diarreas. Los menores contraen estas enfermedades generalmente por la falta de saneamiento en el agua, la ingesta de alimentos en malas condiciones y el estado de insalubridad en el que viven.

Desnutrición en Somalia. Una mujer sujeta a su hijo, afectado de malnutrición, en brazos en un campo de la ciudad de Danan. / REUTERS

“Ninguna crisis justifica la muerte de un solo niño por causas evitables, y el hambre es una de ellas”, declara Crespo. “La carencia de alimentos es causa directa o indirecta de una de cada tres muertes infantiles”, dice el informe publicado por Unicef. Esto significa que a escala global 180 millones de niños son víctimas de desnutrición crónica y otros 20 millones la padecen con severidad.

La presidenta de la agencia de Naciones Unidas para la infancia en España considera que la desnutrición es “una causa nuclear de la pobreza, la exclusión y la vulnerabilidad”, y a su vez, “consecuencia” de ellas.

Mauritania, un buen ejemplo

El país africano es, según Unicef, un ejemplo que demuestra que es posible llevar las ayudas internacionales con un modelo eficaz que revierta en una mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos. En Mauritania 87.000 niños se han salvado de la desnutrición crónica gracias a las políticas activas de cooperación. Desde 1990, año de referencia de los Objetivos del Milenio, este país ha reducido a la mitad sus niveles de hambruna infantil, aunque todavía uno de cada cuatro menores de cinco años la padece, la mitad de lo que se observa en el resto de África. “Y es que en el África Subsahariana, alrededor de un millón de niños mueren por hambre”, comenta Crespo.

En el último informe sobre Mauritania presentado con motivo del Día del Niño, bajo el título de Mi hijo ya no come arena, la agencia muestra, en palabras de Crespo, que “cuando hay voluntad política, se cuenta con los recursos y compromisos de la comunidad internacional”, la ayuda se consigue y “marcan un cambio en la vida de las personas”.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/19/actualidad/1353345552_548768.html

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