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COSTA RICA: La mitad de menores sentenciados sale libre

hsolano@aldia.co.cr

A los 16 años ya muchos jóvenes guardan cárcel por crímenes, robos agravados y tentativas de homicidio. En los últimos cuatro años la cifra de menores infractores se disparó.

Casos como el homicidio de la directora del Colegio Montebello, en Heredia, por parte de un alumno en el 2010, o el del colegial Josué Rojas, perpetrado en Tibás en el 2008, llenaron de luto hogares costarricenses. En ambos casos, menores de edad abrieron fuego.

Datos de la sección de Estadística del Poder Judicial recogidos durante el 2011 en los 22 juzgados que atienden esa materia revelan que se alcanzó el récord en hechos delictivos juveniles.

La tendencia en los últimos cuatro años es hacia el alza. Los varones son el 80 por ciento de los que llegan al estado judicial.

San José y Pococí: caldo de cultivo

Según las cifras, el Juzgado Penal Juvenil de San José es el de mayor incidencia. Allí se tramitaron 4.833 asuntos de los 17.084 que constituyeron el total.

Pococí de Limón, registró 1.591 expedientes nuevos y Cartago tuvo 1.571.

Por cada mil menores entre los 12 y 17 años, hay 40 acusados ante los juzgados penales juveniles.

En lo que a sentencias se refiere, el año pasado hubo 670. De ellas, la mitad fue condenatoria.

El robo agravado, es decir, con arma de por medio y con violencia, fue la principal razón.

La edad promedio de los sentenciados es de 16 años y cuatro meses. Contravenciones e infracciones a la ley de tránsito también llevaron a muchos ante la ley. Además de prisión, se les dicta libertad asistida e internamiento en un centro especializado.

http://www.aldia.cr/ad_ee/2012/octubre/11/nacionales3350319.html

COSTA RICA: Educación sexual para jóvenes

Actriz

Los jóvenes no necesitan una sobredosis de prejuicios, pero tampoco libertad absoluta

A los 12 años en mi nuevo barrio, me puse mis shorts, subí en mi bicicleta y fui a inspeccionar la zona. A los pocos minutos regresé a casa, asustada y le dije mi mama: “Ma, unos viejos me vieron y empezaron a decirme cochinadas”. Ella, amorosamente, me explicó que yo ya no me veía como una niña y que sería mejor cambiar mis shorts por unos más largos.

Así supe que tendría que decirle adiós a mi niña para convertirme en una mujercita. Tristemente, dije adiós a mis muñecas, aunque aún a los quince las tomaba a escondidas y jugaba con ellas.

Aunque en los años 70 se vivía en Costa Rica más despacio y teníamos más tiempo para disfrutar nuestras infancias, también aprendíamos tácitamente que ser niño era vergonzoso y que todo lo que teníamos que saber sobre nuestra sexualidad se resumía a la terrorífica información religiosa que nos enseñaban en el catecismo, donde sexo era sinónimo suciedad, castigo y pecado, en contraste con la escuálida clase de biología, en la cual, algún día, nos explicarían la reproducción humana.

Treinta años después, en la era de “información cibernética”, resulta que la ignorancia y desconocimiento es peor aún, con el agravante de que el sexo se practica desde temprana edad y el 85% de los nuevos bebés son hijos de adolescentes y son embarazos no deseados.

Mientras la Iglesia arremetía contra los docentes que querían informar a los jóvenes, los docentes “enseñaron” a nuestros niños las maravillas del condón y los anticonceptivos.

Y nosotros, padres y madres que tampoco sabíamos mucho del tema, delegamos, cómodamente, la formación sexual de nuestros hijos a otros.

Dimos a nuestros jóvenes permiso para crecer antes de tiempo, los forzamos a ser adultos, teniendo adentro un niño asustado que no sabía qué hacer.

Les escondimos las muñecas y los carritos, los conectamos a una aparato de TV y a una computadora, para que fueran inteligentes, bilingues y superdotados; los matriculamos en el mejor maternal desde antes de nacer, los decoramos, con celular, reloj, computadora, anteojos oscuros y “blin blin”, como si fueran un arbolito de Navidad, y los maquillamos y peinamos para que se vieran como los muñecos que les arrebatamos.

Nuestros jóvenes no necesitan una sobredosis de moral y prejuicios, pero tampoco debemos abrirles las puertas de la libertad absoluta, dejándolos en el abandono de sí mismos, sin herramientas para defenderse en una etapa en que carecen de toda experiencia.

No conozco los programas de educación sexual del MEP, pero espero, por las nuevas generaciones, que estas incluyan programas y talleres con profesionales, que sean capaces de enseñar autoestima y autoliderazgo a nuestros jóvenes, donde aprendan a desarrollar su inteligencia emocional y a potenciar sus talentos y capacidades, desarrollando intereses que no sean solo sexuales a los 11 y 12 años.

Inteligencia viene del latín “inter” que significa “entre” y “legere” elegir; nuestros jóvenes tienen derechos a saber “elegir entre”, autocontrol, y descontrol, femineidad y masculinidad, decir no y decir sí, y ya sean hombres o mujeres, y sea cual sea su preferencia sexual, puedan aceptar con alegría su sexualidad, para que no se regalen al mejor postor como un objeto sin valor y puedan decidir conscientemente con quién y por qué lo van a hacer, quién les merece y a qué edad se sentirían preparados para hacerlo.

Que “su primera vez” incluya respeto, confianza, lealtad y honestidad, la satisfacción de dar y recibir, y en donde definan qué clase de seres humanos les gustaría llegar a ser.

http://www.nacion.com/2012-10-11/Opinion/Educacion-sexual-para-jovenes.aspx

COSTA RICA: MEP pide a liceos no expulsar a alumnos que utilicen drogas

11 de octubre de 2012

Recomienda retenerlos si adicción les permite estudiar

Especialistas dicen que estudiantes elevan consumo si están fuera de aulas

Profesores deben remitir a colegiales a centros médicos para rehabilitación

Cursaba sétimo año en un colegio de Heredia cuando le ofrecieron licor y cigarrillos.

Historia de joven internado en Hogares Crea

No dudó en probarlos con tal de preservar aquellas amistades, pese a que eran catalogados como una barra problemática.

Muy pronto, Julián Rodríguez, quien ahora tiene 18 años, dio el salto hacia la marihuana porque así lo hicieron sus conocidos.

A partir de ahí, empezó a recorrer un sendero de líos y adicción, del que salió hace cuatro meses al emprender un proceso de rehabilitación en la sede de Hogares Crea en Pavas, San José.

Su historia quizás sería diferente si en el liceo le hubieran ayudado, pero como eso no ocurrió, Rodríguez dejó las aulas y sus problemas aumentaron.

“En el colegio no me aceptaban, entonces mi mamá me matriculó en uno privado. Seguía consumiendo marihuana, pero no tanto y aprobé sétimo, pero en octavo me expulsaron”, recordó.

De acuerdo con las nuevas recomendaciones del MEP, en este caso lo correcto hubiese sido referir a Julián a un EBAIS, para que el médico definiera su nivel de adicción y también la terapia.

Ante estos casos, el Ministerio de Educación Pública (MEP) elaboró un protocolo que detalla los pasos por seguir en los colegios públicos cuando se detecta que un alumno usa o vende drogas.

Dicha cartera elaboró guías similares para que los profesores puedan reaccionar ante la portación y uso de armas; violencia física, psicológica y sexual, y matonismo o bullying.

Más allá. Irvin Fernández, funcionario del programa Convivir del MEP, recalcó que el estudiante que consume drogas lleva a cuestas un historial de problemas familiares o de falta de afecto.

Además, dijo, es muy probable que cuando los docentes se enteran, el joven apenas se está iniciando en las drogas, por lo que hay gran oportunidad de rescatarlo.

Por eso, agregó, la atención integral para evitar que el muchacho se hunda, empieza en las aulas.

Igual opina Rita Peralta, directora de la Clínica del Adolescente del Hospital Calderón Guardia.

“Sacarlos del colegio le resuelve el problema al liceo porque se quita a un muchacho problemático de encima. Pero lejos de ayudar al joven, lo empuja a seguir (consumiendo)”, afirmó Peralta.

Esto le ocurrió a Julián Rodríguez. Después de dar tumbos por tres colegios, ingresó a un instituto de educación abierta, pero desistió para comenzar a trabajar.

Con el dinero que se ganaba empezó a recorrer bares, casinos y se hizo un asiduo asistente a fiestas. Ahí apareció la cocaína.

“Hace cuatro meses mi mamá me volvió a ofrecer ayuda y decidí venir acá (Hogar Crea en Pavas). No venía muy convencido de internarme, pero veo lo bueno y positivo de un mundo sin drogas. Aquí tengo que permanecer año y cuatro meses”, expresó Rodríguez.

Advertencia. Max Murillo, director nacional de Hogares Crea, lamentó que algunos jóvenes vean como moda fumar marihuana, porque hacerlo puede ser el primer paso para consumir otras drogas.

“El tratamiento en adolescentes es un proceso de educación. Hay que cambiarles su forma de hablar, desarrollarles valores y responsabilidad en los estudios, así como motivación y autoestima”, dijo.

Murillo reveló que atienden a 70 adolescentes, pero otros están anotados en una lista de espera.

Patricia Orozco, directora del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), consideró claves las medidas de prevención en los liceos y que los padres conozcan los amigos de sus hijos y lo que hacen.

Tome en cuenta

Señales de consumo

Cambios en el carácter.

Cambios en grupos de amigos o lugares que frecuenta.

Alejamiento afectivo.

Pérdida de lazo social.

Desinterés por cosas que usualmente realizaba.

Indiferencia o pérdida de interés vital.

Ausentismo.

Baja en calificaciones.

Agresividad.

Cambios cognitivos como, por ejemplo, la capacidad de concentración.

Niveles de consumo

Exploratorio: Prueban por curiosidad.

Uso: Consumen solo en ciertas ocasiones.

Abuso: Exceso en el consumo.

Dependencia: La persona tiene la necesidad de consumir.

¿Qué hacer?

Zona libre

Queda prohibido la tenencia de drogas lícitas (alcohol y tabaco) e ilícitas dentro del colegio.

Acciones

Elaborar un plan de atención articulado con la comunidad educativa para los casos de adolescentes que consuman drogas. No hay que estigmatizarlos y se debe buscar que permanezcan en el centro educativo, si así lo permite el nivel de consumo.

Análisis

Disponer de un diagnóstico sobre la existencia de situaciones de consumo y tráfico de drogas, su incidencia, extensión y gravedad, que permita tomar acciones para que el centro educativo sea un lugar libre de demanda, consumo, oferta y tráfico de drogas.

Supervisión

Revisar las pertenencias de quienes visiten el colegio.

ayuda

Coordinar con la Policía si se sospecha de que un estudiante porta drogas.

Atención

Si se presume que un alumno consume drogas, el profesor guía u orientador debe hacerle una entrevista receptiva y respetuosa, en un ambiente que permita escuchar al joven. Si confirma o mantiene la sospecha, debe avisar a los padres y que el sistema de salud determine un plan de intervención.

Al doctor

Si se encuentra a un estudiante bajo los efectos de alguna droga, se debe avisar a los padres, tomar las medidas para que lo atiendan de inmediato en el Ebais, llamar al 911 para el traslado del joven con manejo de paramédicos. Si los padres se oponen, el docente debe coordinar con el PANI. Si hay intoxicación grave, no discutir, retar, gritar o sermonear al colegial porque sufre alteraciones en su sistema nervioso central.

cuidado

Custodiar en la dirección del liceo la droga que sea entregada de forma voluntaria por un estudiante, y levantar un acta. Actuar con la mayor calma, discreción y respeto bajo los principios de confidencialidad y privacidad. Alertar a la Policía.

http://www.nacion.com/2012-10-11/ElPais/MEP-pide-a-liceos-no-expulsar-a-alumnos-que-utilicen-drogas.aspx

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