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CHINA: 100.000 km buscando a mi hijo secuestrado

Se interceptó un autobús con 28 bebés “ empaquetados” en bolsas de nailon. Uno murió
El tribunal supremo chino en 2 años ha juzgado a 261.512 personas por tráfico de niños

He Zhisheng se agarraba a la figura en cartón de su hijo como si fuera real. Se le humedecían los ojos al cantar lo que se ha convertido en el himno del quinteto.

“¿Hijo dónde estás?”.

Cerraba los ojos al pronunciar esa estrofa, superado por la emoción.

“Aquel día, de repente, no había noticias tuyas. Tu familia llora y grita. Su corazón arde de impaciencia. Para encontrarte, tu padre ha recorrido tantas aldeas, tu madre ha pedido ayuda a tantos desconocidos. ¿Hijo dónde estas?”, repetían los cinco padres al unísono.
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Entre la veintena de viandantes que observaban la escena, una señora no cesaba de secarse las lágrimas con un pañuelo.

“Podría ser mi hijo”, dijo otra.

Como He Zhisheng, Xiao Chaohua casi no sonríe. Mantiene la expresión ausente de quien ha perdido la ilusión.

Es el último en dirigirse a los congregados en el parque de la ciudad de Nanjing. “¡Por favor, distribuyan las fotos a través de las redes sociales!”. Nanjing es tan sólo una parada más del interminable periplo de Chaohua y sus compañeros de viaje. Mañana siguen hacia el sur. El antaño guardia de seguridad y después comerciante, afirma haber recorrido más de 100.000 kilómetros a través del país en los últimos cinco años. “Hemos visitado unas 19 provincias (de 22)”, dice.

Xiao forma parte de un creciente fenómeno los padres «nómadas» que buscan a sus hijos que se registra en China ante la espectacular tasa de desapariciones de niños del país. Aunque no existen cifras fiables, el departamento de Estado de EEUU estima que al menos 20.000 niños chinos son secuestrados cada año. Casi 400 a la semana.

Exposición de Li Yueling.

El diario oficialista China Daily llegó a hablar de 70.000 la Radio Nacional elevó esos guarismos hasta los 200.000 y reconoció que el país se había convertido en uno de los mayores «mercados» del mundo para el tráfico de menores. El de Xiao desapareció en febrero del 2007. La familia habitaba en la ciudad de Huizhou, no lejos de Hong Kong. Xiao Song tenía cinco años. Había salido a las 7 de la tarde para comprar leche junto a su hermana mayor, Xiao Lu. Nunca volvió.

La pequeña regresó sola. Dijo que se había separado de Song para hablar con una amiga. Después le perdió de vista.

“Mi vida quedó destrozada”, declaró Xiao.

La furgoneta de Xiao está estampada con docenas de fotos de niños cuyo paradero se desconoce. Carteles como el de Huan Yuang, una chiquilla de siete años, que “desapareció” el 18 de julio de 2006 en la ciudad de Dong Guang. O de Wuan Min. “Llevaba los labios pintados de rojo y zapatillas. Estaba jugando en una tienda”, se lee en folleto.

Las imágenes muestran a los menores comiendo helados, haciendo el signo de la victoria, vestidos con uniforme militar o con traje y sombrero. “La pena de muerte para el tráfico de niños podría ser disuasoria”, afirma uno de los lemas que Xiao ha incorporado a la carrocería del vehículo.

Impulsado por la desesperación, Xiao se embarcó en una extraordinaria aventura que le ha llevado a recorrer cientos de localidades chinas. Al principio viajaba en moto. Durante las primeras semanas repartió hasta 5.000 fotos de su hijo y pagó cerca de 6.000 euros en “informaciones” sobre el paradero del pequeño que se revelaron falsas o en anuncios en la televisión local.
Cambia su negocio por un furgón

Las semanas pasaron a ser meses. Después años. La búsqueda de Xiao Song se convirtió en una obsesión. “Es lo único que hago”, admite. Un empeño que le llevó a vender su negocio, adquirir el furgón y separarse de su familia reconoce que su mujer no comparte esta determinación para recorrer sin descanso el territorio chino.

Así descubrió a otros muchos progenitores que hacían lo mismo. Gente como Liu Haiguo uno de sus acompañantes que asume que “sólo se siente padre” cuando “está en la carretera”. «Me di cuenta de que había más gente en la misma situación y comenzamos a organizarnos”, asevera Xiao.

Exposición de Li Yueling.

El último en incorporarse a su “equipo” ha sido Chen Cundong, de 31 años. Hace sólo una semana que se unió a la cuadrilla. Su pequeño, Chen Shilou, desapareció hace seis meses. Durante todo este tiempo también estuvo transitando por ciudades y aldeas con su propio automóvil a la búsqueda del menor.

“Me enteré por internet que existía el grupo de Xiao y decidí unirme”, aduce.

El quinteto se ha instalado en una pequeña plaza de Nanjing. Allí han desplegado paneles con los retratos de los ausentes. Cada uno reparte folletos con la foto de su hijo.

Cundong ofrece 200.000 yuanes (más de 31.000 euros) a quien le pueda proporcionar información que le lleve a recuperar a su criatura.

“Espero que la gente de buen corazón me dé detalles. Cada vez que distribuyan esta información le dan esperanza a mi hijo para regresar a casa”, ha escrito en su pasquín.

“Nos sentimos impotentes. La gente sabe lo que ocurre, pero no dicen nada. La causa de todo esto son las personas que compran niños”, refiere Wu Xinghu, otro de los veteranos del quinteto. Su hijo fue raptado en 2008.

La presencia del grupo concita la atención de muchos curiosos. Algunos inician discusiones sobre esta problemática.

“¡Lo que pasa es que la ley no es lo suficientemente dura! ¡Habría que fusilarlos!”, exige uno de los interlocutores.

“Es un delito que aumenta cada día”, comenta otro asistente, que recibe una pronta réplica de Xinghu.

“No, lo que pasa es que ahora sois más conscientes”, le aclara.

Las palabras de Xinghu son ciertas. El rapto de menores es un infortunio que sufre China desde tiempos inmemoriales. La conciencia social en torno a esta “epidemia” así lo definen algunos medios locales se reactivó en el 2002, cuando la policía interceptó un autobús con 28 bebés envueltos en edredones y “empaquetados” en bolsas de nailon. Los niños habían sido drogados y uno murió asfixiado.

La problemática instó a las autoridades a lanzar una ofensiva en el 2009 contra las redes de tráfico de menores, creando una fuerza especial de la policía que según sus cifras ha desmantelado 11.000 bandas dedicadas a este crimen y rescatado a 54.000 niños desde esa fecha.

El Tribunal Supremo chino aseguró recientemente que entre 2012 y 2014 había juzgado a 261.512 personas acusadas de tráfico de niños, unos números que dan una indicación de la magnitud de este crimen.

“Hace 10 años el gobierno no quería admitir que existía este problema. Ahora es una de las cuestiones que más preocupan a la sociedad china”, considera un portavoz de la oficina en Pekín de la ONG Save the Children.

El proselitismo de padres como Xiao ha contribuido de forma muy significativa a la difusión mediática de esta estremecedora fechoría. No es un caso único. Son incontables los padres de niños desaparecidos que se han agrupado en múltiples plataformas para publicitar su caso. La mayoría han recurrido a las redes sociales. Páginas web como la de Baobeihuijia.com (Pequeño vuelve a casa) tienen cientos de miles de seguidores.

“Intentamos intercambiar información. El secuestro de niños es un problema muy antiguo. Nosotros tenemos registrados a 2.000 niños desaparecidos y hemos conseguido recuperar a 15”, explica Ying Lei, portavoz de la agrupación Cnxr.net, también dedicada a la búsqueda de pequeños.

La asociación de Xiao incluye a 1.200 familias. Todos coinciden en atribuir la culpabilidad de este delito a una variedad de factores.

“Hay parejas infértiles que compran hijos. Otros lo hacen porque quieren tener un varón (algo muy importante en China). Otros para usarlos como mendigos y las chicas para venderlas como esposas. Los chicos se pueden vender hasta por 100.000 yuanes (15.000 euros). Las niñas por la mitad”, expone Xiao.

“Los que compran no siempre son gente rica. Hay pobres que se empeñan. La tradición china también cuenta”, apunta.

Las costumbres son otro difícil legado que personajes como Xiao tienen que desafiar. En las áreas rurales de China no resultaba inusual que algunas familias con varios hijos entregaran alguno a otro matrimonio que pudiera criarlo como si fuera suyo, una práctica que dificulta enormemente la percepción de este delito.

“No hay una razón única. La política del hijo único (que rige en China) es un factor. La corrupción otro. La cultura otro. Aunque, es cierto que la política del hijo único ha promovido el que haya gente que quiere vender a sus hijos (varones). Para los traficantes es más fácil decir, es un niño que no querían sus padres, incluso si se trata de un crío que han secuestrado”, observa Charles Custer, autor del documental Viviendo con el corazón muerto, dedicado a los padres que indagan sobre el paradero de sus críos.

La planta baja del lujoso centro comercial Deji Plaza concita dos imágenes tan contradictorias como representativas de la China actual. Los mismos clientes que pululan entre anuncios de chicas en sugerentes corpiños, joyas de Swarovski o productos de Chanel pueden apreciar los retratos que ha pintado Li Yueling en base a fotos de 61 críos reales cuyo destino se desconoce.

La exposición del artista Li Yueling Los niños desaparecidos coincide con la inauguración del que quizás sea el primer sistema que se instala en un recinto comercial chino para evitar el secuestro de niños.

El Deji Plaza, constituido por sendas edificaciones de ocho y 13 pisos, ha colocado telefonillos en todas las plantas para permitir a los padres que alerten a los guardias de seguridad en caso de perder de vista a sus hijos.

La alerta provoca el cierre automático de todos los accesos de ambos habitáculos y la búsqueda del pequeño.

“Si el niño no aparece en 10 minutos, avisamos a la policía. En los tres ensayos que hemos hecho, encontramos a los pequeños en menos de seis minutos”, manifestó Jiang Ziren, relaciones públicas del Deji Plaza, al diario Global Times.

La puesta en marcha de lo que los responsables del comercio han llamado plan ángel de la guarda es otro signo de la creciente psicosis que ha generado esta práctica delictiva en la sociedad china, gracias en parte al activismo de padres como Xiao.

La exposición de Li Yueling está acompañada de un vídeo de los progenitores de los chiquillos y una placa con los detalles básicos de su caso.

“Desapareció de camino al colegio”, “mientras estaba jugando”, “jugando en la puerta de la casa”, “secuestrado en una guardería local”...

“Es algo trágico”, comenta una pareja de chicas de 12 y 13 años.

“Las autoridades no hacen lo suficiente”, cree Sun, un abuelo de 60 años que recorre la muestra acompañado de su nieto.

Las obras de Yueling se inscriben en la campaña que lanzó en el 2011 el conocido intelectual Yu Jianrong, un profesor de la Academia China de Ciencias Sociales, que atrajo a cientos de miles de seguidores en pocas semanas cuando instó a colocar fotos de niños desaparecidos en su blog.

Esa iniciativa, precisamente, puso de relieve las enormes reticencias con las que las autoridades chinas acogen este tipo de activismo o cualquier otro movimiento de carácter civil ajeno a las estructuras del Partido Comunista Chino (PCC).
El poder no hace nada

El diario Global Times, portavoz del ideario más ortodoxo del PCC, arremetió en aquel entonces contra el proyecto apadrinado por Jianrong conocido también por su ideario reformista acusándole indirectamente de “autócrata” y de socavar los esfuerzos de la policía para acabar con el tráfico de niños. Unas suspicacias que quedaron de manifiesto en el mismo acto que organizó el quinteto de Xiao en Nanjing. Cuando se encontraban repartiendo folletos, un vigilante del parque interrumpió el evento a gritos. “¿Dónde están los permisos? ¡No tienen permiso para hacer esto!”, clamó. El asunto degeneró en algarada verbal hasta que alguien consiguió calmar al funcionario.

“El poder no hace nada pero tampoco quiere que nosotros actuemos. Interrumpen nuestros actos, nos decomisan los folletos con el rostro de nuestros hijos… ¿Por qué? Porque les dejamos en evidencia”, piensa Chen Cundong.

En un tono más ácido, Wu Xinghu, añade: “No les gusta que denunciemos la hipocresía de las autoridades, que dicen que todo va bien en este país”.

Xiao comparte esas ideas. “Nos sentimos abandonados”, puntualiza.

Como opina Charles Custer, la desaparición de niños “no es (todavía) un asunto político pero podría serlo muy fácilmente”.

“Si millones de personas comienzan a pelear contra el tráfico de niños, esos mismos millones pueden cuestionar la reacción del gobierno en este asunto y eso es lo que preocupa a las autoridades”, concluye.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/06/21/55853c3b22601d51638b4573.html

ITALIA: El Papa denunció lazos entre mafias y el tráfico de “sin papeles”

En su primera visita a Turín, en el Piamonte italiano, el papa Francisco llamó ayer a no tratar a los inmigrantes como si fueran “mercancías” y denunció las conexiones mafiosas y la corrupción.

El Pontífice viajó a esa región, de donde vienen sus antepasados, para asistir a la exposición en público del Santo Sudario, la mortaja que habría envuelto el cuerpo de Cristo.

“El espectáculo de los últimos días, de esos seres humanos tratados como mercancías hace llorar”, lanzó el Papa al dirigirse a la multitud en la Piazzetta Reale.

En momentos en que la Unión Europea (UE) se encuentra dividida respecto a la recepción de los inmigrantes, Jorge Bergoglio condenó una vez más las manifestaciones de rechazo a los ilegales, en particular en el norte industrial italiano.“Si la inmigración aumenta la competencia (económica), no se puede culpar (a los migrantes) de ello, porque son víctimas de la injusticia, de la economía del rechazo y de las guerras. ¡Los seres humanos no deben ser tratados como mercancía!”, declaró.

El pontífice criticó algunos de los males de Italia: “No a la corrupción, que hoy es tan frecuente que parece haberse convertido en un comportamiento normal, no a las conexiones mafiosas, a las estafas, a los sobornos”. “No a una economía del desecho”, añadió, afirmando que en la actualidad se excluye rápidamente a quien no produce, siguiendo el modelo de “usar y tirar”.

“En Turín, los excluidos que viven en la pobreza absoluta representan alrededor del 10% de la población. Se excluye a los niños con una tasa de natalidad cero, a los ancianos, y ahora a los jóvenes. Más del 40% de éstos no tienen empleo”, denunció el pontífice. “Los niños y los ancianos son la promesa y la riqueza de un pueblo”, dijo, llamando a los italianos “a no resignarse” y mostrar “coraje” a pesar de la crisis: “Sean osados, marchen hacia delante, sean creativos”.

En el momento más religioso de su visita, Francisco se recogió ante el Santo Sudario. Este se presenta al público en la catedral de San Juan Bautista hasta el 24 de junio.

“El Sudario atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizados de Jesús y, al mismo tiempo, nos lleva a reparar en el rostro de toda persona sufriente e injustamente perseguida”, declaró.

En su homilía en la plaza Vittorio, el Papa conmovió a los piamonteses al recurrir a símbolos fuertes de la cultura regional, de la que su abuela Rosa le hablaba en Buenos Aires cuando él era niño. Durante el Angelus, se ganó muchos aplausos al declararse “nieto” del Piamonte, ante unos 60.000 fieles entusiastas en la plaza, en el centro de la ciudad.

Con un almuerzo privado con detenidos, personas sin techo y una familia gitana, el papa celebró el bicentenario de San Juan Bosco, gran figura del catolicismo italiano y del Piamonte, “apóstol de los jóvenes”, que se dedicó a la educación de los niños desfavorecidos y fundó la congregación de los salesianos.

En ese marco, el papa Francisco también recordó ayer el origen salesiano de San Lorenzo del Almagro, club del cual es hincha y al cual elogió como “el mejor equipo de Argentina”. El Sumo Pontífice evocó allí al padre Lorenzo Massa, perteneciente a la orden salesiana y fundador del club “azulgrana” el 1° de abril de 1908.

http://www.diariocronica.com.ar/134498-el-papa-denuncio-lazos-entre-mafias-y-el-trafico-de-sin-papeles.html

COSTA DE MARFIL: Casi 50 niños, víctimas de tráfico, rescatados de plantaciones marfileñas

Cuarenta y ocho niños oestefricanos, víctimas del tráfico humano en las plantacions de cacao de Costa de Marfil, fueron rescatados en el marco de una vasta operación policial, informó este lunes una fuente de seguridad.

Los mismos, de entre 5 y 16 años de edad, eran utilizados como “obreros” en las ricas plantaciones de San Pedro (suroeste), donde se encuentra también el principal puerto exportador de cacao del mundo, dijo a la AFP el prefecto de policía de San Pedro, Seydu Uatara.

Más sobre Interpol Según un comunicado de Interpol, estos niños, “que trabajan en condiciones extremas y particularmente peligrosas para la salud”, son originarios de Burkina Faso, Guinea, Malí y del norte marfileño.

En la operación participaron más de 100 efectivos y un centenar de sospechosos fueron detenidos.

Entre 300.000 y un millón de niños trabajan en el cacao marfileño, según una ONG especializada, que posee el 35% de la producción mundial y significa el 15% del PIB del país.

http://www.entornointeligente.com/articulo/6284573/VENEZUELA-Casi-50-ninos-victimas-de-trafico-rescatados-de-plantaciones-marfilenas

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