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COSTA RICA: Otro rostro del menor no acompañado: el abandonado por padres migrantes

Infantes y adolescentes sufren por la ausencia y la lejanía de sus progenitores, víctimas del tráfico de personas en Centroamérica

Por Jose Melendez
“Me siento triste porque mi mamá está en Estados Unidos”.

“Cuando se fue mi papá me sentí triste y yo no quería que se fuera”.

“Yo le dije a mami que me llevara en la maleta”.

“Yo me siento mal en mi casa porque no está mi papá, me duele que se fue”.

“Yo no conozco a mi papá en persona, me siento muy triste y me pregunto ¿por qué nos dejó? Pero me lo pregunto en la mente para no hacer sufrir más a mi mamá”.

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Las frases son apenas un retazo de los tímidos testimonios de dolor, ausencia, soledad y ansiedad de infantes y adolescentes costarricenses de Pérez Zeledón, un poblado del sector surcentral de Costa Rica con la peculiaridad de que es generador de una masiva migración ilegal a Estados Unidos: al igual que otras zonas de Centroamérica, y en vez de menores de edad “no acompañados” migrantes, allí abundan niños, niñas y jóvenes sin compañía de padres y madres que, sin estudios o baja escolaridad y empujados por el desempleo, los bajos salarios y la pobreza, migraron al exterior.

Aunque están hastiados de las promesas incumplidas de sus progenitores sobre un pronto retorno a casa y de la escasa comunicación, las víctimas del abandono conocen aspectos cruciales de la migración ilegal. Saben que existe el 'coyote’ o traficante de seres humanos y que una forma de viajar es “irse mojado”, añejo término que pese a que remite a ingresar a suelo estadounidense tras cruzar el río Grande, que divide a México y Estados Unidos, describe al migrante indocumentado.

Los testimonios recopilados y los hallazgos del fenómeno del menor que queda abandonado en Pérez Zeledón son parte de las investigaciones de Alianza por Tus Derechos, una organización no gubernamental de Costa Rica que es aliada de Save the Children, una entidad no estatal de Suecia.

Uno de los principales descubrimientos es “el abandono emocional que sufren las personas menores de edad, lo que les genera depresiones, ansiedad y tristeza”, dijo la costarricense Rocío Rodríguez, directora ejecutiva de Alianza. Consultada por EL PAÍS, Rodríguez explicó que “la situación económica (de los menores) no cambió al irse su padre o su madre del país. Hay una pérdida de comunicación con sus progenitores, que se olvidan de los niños que dejan en el país”.

“El problema sigue vigente y en aumento. Los menores de edad abandonados, aunque se quedan con familiares cercanos, añoran volver a ver a sus familiares, sin importar que esto implique que ellos también migren del cantón. La solución, no total, pero si paliativa, es generar empleo digno y de calidad en la zona que permita a los adultos brindar la atención económica necesaria a sus hijas e hijos”, añadió. Hay que evitar, subrayó, que los menores emigren en busca del sustento económico.
Arraigo versus migración

A diferencia de sus vecinos de Centroamérica, marcados por su crisis social endémica, por ser expulsores y generadores de migración ilegal tras padecer guerras, dictaduras militares y frecuentes desastres naturales, Costa Rica se ha caracterizado por un mayor arraigo de sus habitantes, con estabilidad política y, por carecer de ejército, con opción de gastar en educación, salud y en un Estado benefactor. Por eso, Costa Rica es receptor de una masiva migración de nicaragüenses desde hace más de 35 años.

Sin que exista un dato exacto, se calcula que unos 100.000 costarricenses viven en Estados Unidos. El número de guatemaltecos en esa nación supera el millón y medio y el de salvadoreños se acerca a los dos millones, mientras más de 3.000 hondureños emigran al mes a suelo estadounidense.

Pérez Zeledón, sin embargo, ha sido históricamente una fuente de constante migración internacional, en comparación con otras zonas del país. Un censo del estatal Instituto de Estadísticas y Censos de Costa Rica mostró que de los 122.187 habitantes que tenía en 2000 ese cantón, 36.520 (30%) vivían en Estados Unidos y Canadá. El más reciente censo nacional, de 2011, reveló que de los 134.534 habitantes de Pérez Zeledón, 39.396 (29%) residían en esas naciones norteamericanas.

La causa para migrar es “básicamente económica por falta de fuentes de empleo, trabajos debidamente remunerados, y por la creación e instauración de una cultura de migración al obtener la mayoría de edad”, dijo la costarricense Adriana Guevara, psicóloga y coordinadora de programas de Alianza.

Guevara describió que los menores abandonados padecen traumas. “Vamos a encontrar culpa, resentimientos, sentimientos de abandono, confusión de los roles familiares impuestos, depresión, falta de control de límites. En adolescentes, existe la búsqueda de aceptación en grupo de iguales, lo que si no es adecuadamente encausado puede desencadenar en uso y abuso de drogas lícitas e ilícitas, integración de pandillas, embarazos, promiscuidad sexual, deserción escolar, entre otros”, narró.

En los descendientes de los migrantes, afirmó, “se deposita gran dosis de culpa, ya que continuamente se les recuerda del ‘sacrificio’ que está efectuando su familiar en el extranjero, para que ellos y ellas puedan estudiar y salir adelante, o sea, se les responsabiliza de tal acción. Hay un costo afectivo de la partida del familiar”.

En la familia “se da una ruptura importante y sus efectos dependerán de cuál miembro migró y si fue el padre, la madre, ambos y con quien quedan los niños, niñas y adolescentes. En Pérez Zeledón han sido en su mayoría los hombres que han migrado, por lo que tenemos familias donde la cabeza del hogar es la madre, que debe ejecutar a la vez ambos roles (madre y padre). Si quedan con abuelos o abuelas, encontramos brechas generacionales que impiden una adecuada imposición de límites”, aseguró.

Con un panorama de desarraigo y desintegración familiar y sin medidas estatales de contención, la consolidada cultura regional migratoria en Pérez Zeledón exhibe múltiples testimonios de los menores que quedaron abandonados por la migración de sus padres y madres, en una acumulación de grandes resentimientos porque sus progenitores no les quieren.

“Quiero que mi papá venga, seamos felices y una familia junta”.

“Yo me siento mal porque mi papá no me llama promete y no cumple nada”.

“Me siento mal en mi casa porque no está mi papá, eso me duele”.

“Me siento muy sola porque mi mami no está conmigo, a veces cuando veo sus fotos lloro”.

“Lo que más quiero en el futuro es estar con mi papá y no quiero en el futuro sino ya”.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/27/actualidad/1403888365_241846.html

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Fecha: 2 de julio de 2014 a las 11:51

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